Estadística

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Denso y oscuro

Una mancha, un trazo rojo, una carrera desesperada, dos brazos sin sentido, y unas piernas que huyen aterradas. Extraña imagen la de aquel hombre, triste personaje que huye de la sangre que le brota de su vientre. Perdió su rostro al ver un brillo emerger del humilde purgatorio que son las calles de una ciudad dormida. Y así huyó, con el rostro perdido, y su vida derramándose sobre el asfalto. Emprendió la carrera más larga de una vida demasiado corta, apenas dio unos pasos, y cada golpe en el asfalto fue un reto superado, y cada mancha fue una rosa cuidadosamente colocada en aquel sepulcro de adoquines. En aquel entierro improvisado un cuervo ofició la ceremonia, su graznido sirvió como epitafio, y una farola se disfrazó de cruz y de invitada. Fue aquella farola la meta de la carrera sin vida del muchacho. Hubo unos segundos en los que unos ojos castaños no vieron en ella un objeto de metal. Al mirarla herido y moribundo, aquella observadora inmóvil de las noches vacías de una ciudad fría y resentida, se vistió con un traje blanco y comenzó a contonearse. Durante unos instantes, apareció el más bello de los seres que deambulaban por la imaginación de un hombre cuya sangre le desborda las palmas de las manos, cayendo el suelo como una macabra catarata. El muchacho se abalanzo desesperado contra aquellos brazos claros que le aguardaban quietos en la calle. Notando como su aliento se enfriaba, trato de aferrarse al recuerdo de aquel fantasma, pero la farola, caprichosa y presumida, permaneció impasible mientras unos brazos ya sin fuerzas se deslizaban por su cuerpo. Dos miembros casi muertos que, presa de la locura que es vivir, trataban de aferrarse a unos recuerdos olvidados, cuando aquellas manos dejaron de forcejear contra la muerte, el resto del cuerpo cayó contra la acera. Y así quedo el cadáver, tirado sobre unos adoquines gastados, envuelto en un lecho de rosas pintado por su sangre, y con los brazos extendidos en torno a una farola rubia vestida de rojo.

2 comentarios:

  1. Sí, Jesús, tus metáforas son geniales pero tengo pesadillas con ellas por las noches...

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